lunes, 26 de marzo de 2007

Decisión

“La mente puede ser muy compleja. Uno nunca sabe lo que puede hacer o no en determinadas situaciones. ¿Cómo reaccionarias si tuvieses que tomar una gran decisión? Digamos, si ganases la lotería y alguien querido tuviese una enfermedad muy costosa, ¿huirías con el dinero o lo usarías para salvarle la vida? O si estuvieses frente a una persona que te ah causado un gran daño y tuvieses la oportunidad de vengarte y nadie se enteraría, ¿acaso recurrirías a esa posibilidad o serias lo suficiente magnánimo como para perdonar? O quizás si estuvieses a punto de presenciar la muerte de tu amada a manos de otra persona, ¿decidirías salvarla incluso a costa de tu vida y la del otro? Lo más probable es que si les hicieses esas preguntas a cien personas diferentes recibirías cien combinaciones distintas de respuestas. Pero ¿que tal si no tuvieses que decidir? ¿Qué tal si tú mente tuviese el poder de ahorrarte esas decisiones? ¿Acaso eso no valdría la pena averiguarlo incluso a un gran costo? ¿Acaso no valdría cualquier cosa tener control sobre todas las situaciones? ¿Y si fuese posible preguntar eso a cien personas y recibir cien respuestas iguales?...”

Michael se levanto una vez más de la silla y comenzó a caminar en círculos deteniéndose siempre en el mismo lugar para rascarse la cabeza. No querían darle más datos, y eso no era bueno. Sacó un cigarrillo y lo prendió esperando que aplacara sus nervios, pero no hizo más que recordarle su papel en todo aquello.
La puerta se abrió dejando salir al mensajero que, según dejaba notar su cara, estaba aún más nervioso que él.
-Lo siento.- Dijo tristemente.- No puedo ayudarlo señor Wilson. Es imposible conseguirlos, y aún pudiendo hacerlo esto es ilegal, y acabaría mal para todos. Lamento decírselo pero esta solo.
No esperaba otra respuesta. Escupió a los pies del hombre por su ineptitud y salió caminando sin decir una palabra. Tendría que hacerlo solo, no había otra posibilidad. Subió al auto y saco un pequeño papel de su bolsillo. Lo leyó tres veces para asegurarse. “4 19 22 75 99 33 88”. Luego, se lo metió en la boca y se lo tragó.
Arranco a toda velocidad sin prestarle atención al guardia de seguridad que intentó frenarlo. Llegó al final de la cuadra, giró a la izquierda y apretó el acelerador conduciendo como un maniaco. Entró a una gran avenida y comenzó a pasar a los demás autos como si se tratara de un videojuego.
“Al fin a pasado” se dijo. “Mi suerte cambio para siempre.” O al menos eso parecía, pero había un problema, no le prestaría el dinero.
Desde que su hija estaba enferma siempre jugaba a la lotería buscando dinero para realizar su operación. Había conseguido convencer a sus amigos, vecinos y parientes para que jugaran también en forma de ayuda. Y por increíble que pareciera, uno de ellos había ganado. Su mejor amigo le había dado al grande, y ahora había una posibilidad de darle una nueva vida a su hija. Pero el maldito no le contestaba el teléfono, y Michael tenía la sospecha de que pensaba huir con el dinero. Quería conseguir pasajes de avión para seguirlo pero era imposible. Por lo que debía llegar el aeropuerto antes de que se fuera. ¿Qué haría si lo atrapaba huyendo? ¿Lo mataría si era necesario? “Probablemente” dijo en voz baja.
En ese momento su cabeza comenzó a dolerle atrozmente. Los autos a su alrededor pasaron de ser bólidos de metal y vidrio para convertirse en simples manchas de colores. Intentó estacionar pero ya no veía nada, el dolor lo hacía gritar con todas sus fuerzas, todo se volvió blanco…

Estaba en una habitación amplia y gris. Su cabeza le dolía mucho y estaba bañado en un sudor frió. Una gota bajo de su frente y le hizo cosquillas en la nariz, quiso sacársela pero algo detuvo su mano. Estaba atado con cuerdas y envuelto en una camisa de fuerza.
-¿Que sucede aquí?- Gritó con todas sus fuerzas.- ¿Dónde estoy?
Entonces una puerta se abrió y apareció una mujer vestida de negro. Estaba muy sería y era extremadamente pálida.
-Señorita.- Le dijo.- ¿Podría decirme donde estoy?
La mujer no pronuncio palabra. En lugar de eso sacó una gran jeringa que contenía un líquido de color ámbar, la sacudió un poco, y sin miramientos se la clavo en el cuello.
Michael grito hasta que sus pulmones le pidieron aire. Cerró los ojos desando que todo terminase, que su vida acabara para no tener que sentir aquel dolor. Y entonces todo se detuvo.

Estaba sentado en el banco de un parque sosteniendo una pequeña carta a medio terminar. No estaba seguro si se estaba despidiendo o si simplemente quería aclarar las cosas. Su hija jugaba en el arenero con otra niña bajo su atenta mirada. Recordaba aquel tiempo en que los tres habían sido felices, en que su esposa y él se juraban amor eterno todos los días. Sonrió, que ilusos habían sido.
Michael ahora tenía una decisión por delante. Si al terminar la carta decidía completarla con un vago “adiós”, entonces levantaría a su hija del arenero, se metería en el auto, y huiría hasta que el camino se terminara. Si, por el contrarío, decidía terminarla con un falso “te amo”, tomaría a su hija y la llevaría hasta su casa, se disculparía con su esposa, y conseguirá frenar el juicio por la custodia y probablemente el divorcio.
Se sentía agotado, la última vez que había tenido que tomar una decisión así había tenido que ir al psicólogo por varios años.
Consideró las posibilidades: si huía estarían solos para siempre, sus vidas serían las de dos proscriptos seguramente perseguidos por la policía. Y su hija tendría que crecer en aquel ambiente, no sería bueno para ella, y tendría que encontrar alguna manera de explicárselo algún día, cuando fuese mayor. En cambio si se quedaban su hija viviría feliz para siempre, claro que él probablemente no estaría allí. Sería muy difícil que su esposa lo perdonase y aún más difícil que él ganara el juicio si no lo hacía.
Su mente estaba cansada, cansada de tanto sufrir, cansada de tanto buscar paz. Pero no se detendría, no lo haría. Miró a su hija. Cuanto la amaba, cuanto daría por ella. ¿Acaso debían estar separados por culpa de la madre?
Escribió un simple “Adiós” en el papel y se levanto.
Pero tuvo que dejarse caer al piso por el terrible dolor que sentía. Era como si su cerebro quisiese escapar de su cráneo. Gritaba con todas sus fuerzas. Pudo ver como su hijita se acercaba para ayudarlo, pero no distinguía su cara…

Otra vez en la habitación gris, otra vez amarrado. Pero esta vez no estaba solo. Un hombre alto de mediana edad dirigía a un grupo de mujeres inexpresivas para que solucionaran un problema con una maquina que emitía ruido y producía una luz roja. Todos iban vestidos de negro.
Él quiso gritar pidiéndoles ayuda, pero no escuchaban nada. Se movió como un loco intentando zafarse, pero nada. Entonces el hombre vio que se encontraba despierto y se le acerco.
-¡Buenos días Michael!- Le dijo en voz alta por sobre el barullo general.
-¿Quién es usted? ¿Dónde me encuentro?
-¡Todo a su tiempo!- Le dijo.
La maquina que funcionaba mal se apago y el ruido se detuvo. Inmediatamente Michael cayó de nuevo en su letargo.

Despertó debido a que las ataduras le picaban. Su cabeza le dolía mucho y estaba sangrando por una rodilla. Se encontraba sentado en una silla con las manos y los pies amarrados, amordazado, y golpeado hasta la extenuación. El lugar era parecido a un almacén vació y húmedo. Por lo menos siete personas lo miraban. Cinco eran hombres grandes y fuertes con palos y cadenas, otro era un hombre en sus cuarentas vestido de traje y con una gigantesca cicatriz en la cara, y la última era una hermosa mujer de cabellos castaños y ojos verdes. Ella también estaba atada a una silla.
-Recuperaste la conciencia.- Le dijo el de la cicatriz.
Michael lo miró con odio.
-Sáquenle la mordaza.- Ordenó.
Uno de los hombres se acerco y corto el pañuelo con un cortaplumas. Michael tuvo que escupir sangre antes de poder hablar.
-¿Por qué la trajiste aquí? Ella no tiene nada que ver en esto. Déjala ir.
-Lo siento mucho Michael. Pero no tuve otra opción. O me dices donde está el dinero o mato a tu novia. Y déjame decirte que es hermosa, seria un desperdicio.
Podía sentir el odio recorriendo su cuerpo. Angie era el amor de su vida. No merecía estar allí por culpa suya. Luego de haber perdido a su esposa y sus dos hijas ella era lo único por lo que él vivía. Podía sentir el dolor muy adentro. No iba a perderla.
-Muy bien. Pero te advierto que la entrada no va a ser fácil. Te diré como sacarlo si me prometes una cosa.
El hombre rió.
-No estas en posición de pedirme nada Michael. Pero escuchare tu propuesta.
-Si hago lo que me pides nos liberaras a lo dos y nos darás un auto. Aquellos malditos del banco me mataran en cuanto se enteren como entraste.
-Está bien. Tenemos un trato.
Michael se los explico. Ahora tenían una oportunidad. Vivirían al fin.
-Muchas gracias. Has sido de gran ayuda.
Luego hizo un movimiento con su cabeza y cuatro de los hombres se acercaron a Angie.
-¿Qué haces?- Pregunto Michael pálido.
-Me divierto.- Le contesto maliciosamente.
-¡Este no fue el trato!- Grito.
Podía sentir como su mundo se desmoronaba. No sabía que haría sin Angie. Con cada paso que los gorilas aquellos daban, él podía sentir como estaba un segundo más cerca de la muerte. “No puedo dejarlos hacer esto” Hizo fuerza con sus manos, intentando romper las ataduras, pero no lo logro. Se movía de aquí hacia allá con la intención de romper las silla, pero ni siquiera se resquebrajo. “Maldición” Pensaba desesperado. “Tengo que salvarla, tengo que hacerlo” Tenía su cuerpo y mente trabajando al máximo, pero simplemente no era suficiente. Con lagrimas en los ojos vio como el más grande de los cinco hombres levantaba un bate de béisbol por sobre su cabeza listo para descargar el golpe.
“¿Cómo te atreves?” “¿Cómo te atreves a hacerle eso a mi novia” Un odio visceral, más allá del limite lo invadió.
Cuando el bate bajo a toda velocidad y estuvo a pocos centímetros de la cabeza de Angie se detuvo.
-¿Qué esperas?- Le preguntó el de la cicatriz.
-¡No soy yo!- Le contesto el del bate.- No lo puedo controlar.
Las venas se le marcaban en la cara por el esfuerzo, pero el bate no se movía. De repente se le escapo de las manos y fue a parar decenas de metros fuera del alcance de cualquiera de ellos.
-¿Qué sucede?- Pregunto uno asustado.
Michael se levanto de repente. La silla estaba hecha pedazos en el suelo. Camino hacía Angie con la mirada perdida.
-¡Deténganlo!- Grito el líder.
Tres obedecieron la orden, y tres fueron lanzados hacía la nada como si hubiesen chocado con una barrera invisible. Michael observo a los otros dos y estos cayeron inconcientes al instante. El de la cicatriz estaba petrificado, lo miraba atónito, a la vez con horror, a la vez con sorpresa.
-¿Qué eres tú?- Fueron sus ultimas palabras.
Acto seguido un pedazo de silla lo atravesó de lado a lado.
Michael se acerco a Angie y la libero de sus ataduras. Estaba por abrazarla y besarla cuando el dolor de cabeza regreso con mas intensidad que nunca. Todo a su alrededor desapareció.

En la habitación gris todo era júbilo. Una veintena de personas aplaudían a Michael fervorosamente.
-¿Qué sucede?- Preguntó él.
El hombre de mediana edad se le acerco radiante y le dijo.
-¡Lo lograste Michael! Reproducirte aquel momento exactamente.
-¿De que esta hablando?
-Es normal que no lo recuerdes. Estas experimentando un poco de amnesia, la maquina puede provocarla. Estuviste conectado los últimos tres días a ella intentando copiar las emociones que sentiste ese día exactamente.
-No entiendo.
-Veras. Tú eres Michael Wilson, un famoso científico del cerebro que ah tenido la mala suerte de caer en situaciones terribles durante su vida, y a debido enfrentar decisiones muy difíciles. Tu hija mayor murió de una enfermedad debido a que tú mejor amigo se llevo el dinero que podría haberla salado. La custodia de tu hija menor fue cedida a tu esposa durante el divorcio. Y a tu novia Angie la perdiste durante un robo a un banco. Desde ese día te dedicaste a buscar una manera de que ninguna otra decisión se interpusiera en tu camino de esa forma. Querías encontrar algo en tu mente que pudiese haberte evitado toda la miseria, y lo hiciste. Tú inventaste esta maquina, que te trajo de nuevo todos esos recuerdos dolorosos cargando tu mente con sufrimiento hasta que ya no lo soporto más y libero esa energía de otra manera, en este caso, lo que te permitió salvar a Angie y eliminar a los secuestradores, claro que todo esto fue posible solo en esa realidad virtual, pero en la vida real funciona de la misma manera. ¿Te das cuenta lo que significa? ¡Esta es una nueva era para la humanidad! Desde ahora podremos aprovechar la capacidad del cerebro al máximo.
Michael recordaba todo ahora. Incluso recordaba que él hombre que le hablaba era Rupert, su alumno estrella, a quien le había explicado hacía mucho tiempo todo.
Desvió la mirada a la pared y vio una propaganda ya lista de la maquina que comenzaba con: “La mente puede ser…” Sonrió. Su sueño estaba casi listo, pero Angie y una hija estaban muertas, y su otra hija estaba con su esposa y no podía verlas.
-Quiero que hagas algo por mi.- Le dijo a Rupert.
-Lo que pidas.
-Hazte cargo del proyecto.
-¿Y tu que harás?
Él lo miro y esbozo una amarga sonrisa. Acto seguido tomo una jeringa de a mesa, se conecto a la maquina, y antes que nadie pudiese impedírselo se metió todo el liquido en la venas.

Michael estaba en el patio de su caza, tomando un jugo de naranja. Sus hijas jugaban, su esposa las miraba desde la casa de al lado, y Angie dormitaba apoyada en su brazo. Y él pensaba que no había nadie más feliz que él…

1 comentario:

Cassandra dijo...

Buenas noches Gaby, mientras ves Lost yo te escribo aca.
Ya hablamos un poco de este cuento por msn, pero como a veces tengo buena memoria tambien otras veces es un desastre, y no se si te habre comentado lo siguiente:
Me gusto mucho el final, en mi novela a veces trato el tema (ahora expongo mi punto de vista del final que como lectora seguramente es diferente a la idea con la que creaste el cuento, y mas que seguramente tiro un "obviamente").
Me parece que dejaste en evidencia el tema de la "imaginacion" y la "realidad" . Y la comilla es por que son tremendos conceptos, en los cuales cada uno le puede ver miles de significados por mas que el diccionario se niegue.
¿Por qué... que es lo "correcto"? (las comillas aqui por lo subjetivo del concepto)¿Deberiamos negarnos a la felicidad si esta a nuestro alcance por mas que no sea "convencional"? (esta palabrita no es mas que un acuerdo entre la sociedad??)
Bueno, deje muchos interrogantes, podria seguir escribiendo, este es uno de esos temas que me apasiona jeje.
Espero que tus cosas anden mejor,
Saludos,
Cassandra.